Palabras

Cada poco tiempo recibimos, así como sin darnos cuenta, la llegada de una nueva palabra y con ello de un nuevo concepto que naturalizamos de inmediato e incorporamos a nuestras vidas cotidianas como si siempre hubieran estado en ellas.

Un día (ya casi no lo recordamos) incorporamos la patera. Al cabo de algunos años, en un alarde de hilar fino, llegó el cayuco. Luego los maremotos de toda la vida pasaron a ser tsunamis.

Y esta mañana, mientras desayunaba, aprendí lo que es el bunkering. La lista es mucho más larga, pero esto es solo el post de una bloggera.

Autor | Chus Vidal

Foto |anieto2k en Flickr

Querida Paula

Veo imágenes que me estremecen por dentro y por fuera. Suma y sigue. Es una verdadera pena que nos dejemos arrastrar por unos cánones de belleza erróneos, que ponen en peligro nuestra salud, que nos roban precisamente lo que buscamos, la belleza. Suponen un durísimo castigo físico y psicológico (no sé si en este orden), del que las víctimas nunca se recuperan del todo, deja secuelas vitalicias y hace que el entorno afectivo también sufra mucho.

Da igual el nombre médico que tenga, no importa el rótulo. La cuestión es que no hay nada que justifique que una persona, por lo general joven y guapa, se mate de hambre en una escalada de violencia contra sí misma y que mientras los demás vamos viendo cómo se acerca peligrosamente a la muerte, ella siga tratando de perder “unos kilitos”. Sus huesos sobresalen dolorosamente, sus ojos se van quedando sin expresión, a su piel ya no le queda brillo… ¡Que alguien pare esta locura!

Autor | Chus Vidal

Foto | Francisco Oliveira (PortoPortugal) en Flickr

La luna

Desde hace más de 25 años se venden parcelas en la luna. Incluso existen embajadas lunares (no sé si con pasaporte del cuerpo diplomático).

Si a eso le añadimos la cantidad de arquitectos, aparejadores, constructores, albañiles en cualquiera de sus especialidades que se han quedado en paro, ya lo tenemos. Hay que montar empresas que construyan en las parcelas. Y luego promotoras que vendan las casas. De ese modo los viajes que ahora son carísimos, bajarán de precio. Las parcelas, que ahora son baratísimas, subirán. Y daremos salida a un montón de parados, reflotaremos negocios en bancarrota, florecerán nuestros marchitos polígonos industriales, se venderán hormigoneras, camiones y coches para la luna a montones.

En la luna luego hay que montar centros comerciales, restaurantes, cines (todo para el ocio porque a la luna se va de ocio, no nos engañemos), gasolineras con túnel de lavado, instalaciones deportivas, zonas verdes (bueno, de esto no estoy muy segura), rutas guiadas en vehículo lunar apropiado, centros de culto de las diferentes religiones, panaderías, tiendas de comida preparada, centros médicos, hoteles y todo aquello que se vaya necesitando que será mucho.

Es que a veces no vemos más allá. Hay que abrirse a nuevas posibilidades.

Autor | Chus Vidal

Foto | Luz Adriana Villa A. en Flickr

Ciclistas

Hasta hace muy poco tiempo este deporte era cosa de héroes. Estaban rodeados de un halo de épica que los hacía especiales. Eran unos sacrificados, que se mataban a entrenar subiendo puertos con 40 grados o con una gran nevada, que morían atropellados por un coche en carreteras de segunda, que ni comían para no engordar, que nadie los patrocinaba pues no era el suyo un deporte de masas ni de élites…

Ya en competición eran héroes solitarios. Empezaban una escapada en el kilómetro 20, pedaleaban hasta la extenuación solos y cuando estaban a punto de caer rendidos de la bici, eran alcanzados por el pelotón y su victoria desaparecía.

Ahora parece que nada de aquello era verdad. Ser ciclista profesional se ha convertido en sinónimo de ser un tramposo, embaucador y drogadicto. Pero es que además a esta tendencia se le ha dado retroactividad de manera que ciclistas retirados de la competición hace muchos años, están siendo juzgados y castigados ahora, desposeyéndoles de su palmarés.

Yo no conozco nada igual en ninguna disciplina deportiva. Añado que en otros deportes parece tenerse toda la manga ancha que no se tiene con el ciclismo. Me arriesgo a decir que toda esta campaña huele a podrido.

Autor | Chus Vidal

Foto | Toni Raskolnikov en Flickr

Microeconomía

Tal vez pueda parecer frívolo, pero cuando viajo fuera de España me fijo mucho en los coches, en la flota automovilística del país en cuestión.

Hace algunos años pasé una temporada en Argentina. ¡Los coches eran muy antiguos! Luego un bonaerense me explicó que, tras el corralito, la gente no tenía plata y se había extendido la costumbre de comprar un viejo auto en un desguace y entre amigos y conocidos, arreglarlo lo suficiente para que rodase. La apariencia y las condiciones de seguridad eran precarias para alguien que procedía de la que entonces se jactaba de ser la octava economía.

Años antes fui testigo de los coches de los años 40 y 50 que circulan en Cuba. Incluso pude ver cómo a uno que se había recalentado en pleno malecón de La Habana, lo rellenaban con agua de lluvia de un charco. Realizada la operación, el coche siguió su camino sin problemas.

También en Marruecos contemplé cómo eran considerados coches estupendos, modelos con muchos, muchos años, en desuso aquí.

Y ahora me pregunto: ¿veré lo mismo en España sin tardar mucho? No es un mal menor, es un síntoma terrible de lo que nos está pasando.

Autor | Chus Vidal

Foto | Mr Ush en Flickr

Pocas letras

Los llamados intercambiadores, esa especie de estaciones urbanas de tren/bus/metro que tenemos en ciudades grandes, son unos lugares bastante inhóspitos, en los que los seres humanos nos mostramos con toda la brutalidad de la que somos capaces. Pero en ellos hay (o había) pequeñas muestras de lo contrario, que a modo de islotes para náufragos, te permiten un poco de esperanza en la condición humana.

En mitad de los atropellos, carreras, empujones, malas miradas, puestos en lo que se venden todo tipo de fruslerías, me encontraba cada mañana y cada tarde una máquina expendedora de libros. Siempre me sorprendía para bien. Desde hace unos días en su lugar hay otra que ofrece ¡gazpacho y salmorejo!

No tengo nada más que añadir.

Autor | Chus Vidal

Foto | annais en Flickr

Teleoperadores

teleoperador

¿Se imaginan lo que sería el mundo (desarrollado) sin servicios de atención telefónica? ¿Sin los llamados teleoperadores? Los criticamos siempre que podemos, los maltratamos cuando nos llaman para ofrecernos algo, nos molesta que nos fastidien la siesta y no digamos nada de su acento cuando no son españoles. Pero, ¿qué hacemos cuando se avería el coche o la lavadora? ¿Qué hacemos cuando necesitamos una cita médica o con Hacienda? ¿Qué hacemos para contratar seguro? ¿Qué hacemos para reservar un hotel o un vuelo? ¿Qué hacemos para poner una reclamación ante un mal servicio? Ante estos y otros muchos ejemplos hacemos dos cosas:

  • Llamamos a un teléfono en el que atienden nuestra necesidad.
  • Normalmente utilizamos un tono y un nivel de exigencia que no nos gustaría recibir jamás.

Sirva esto como homenaje a todas esas personas que, con paciencia, sujetos a rígidos controles de tiempos, calidad, turnos o campañas, nos atienden, nos soportan, nos ofrecen productos en los que ni ellos mismos creen o nos gestionan servicios que nos sacan de grandes apuros. Todo ello lo hacen con gran respeto, por menos de mil euros al mes en la mayoría de los casos y, cada vez más, con un bagaje formativo, cultural y profesional muy superior que el de su exigente interlocutor, eso si, bajo la etiqueta de trabajador no cualificado.

Autor | Chus Vidal